domingo, 15 de octubre de 2017

Copa

Y fue copa! 
¿y qué es de una copa sin vino? 
¿qué le resta? 
¿cómo sigue siendo sin contener? si en su naturaleza está, si mientras fue un caliente cristal maleable tomo esa forma. 
Sólo a la espera de llenarse...
Sólo a la espera...
... solo.

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Creado a partir de la obra en http://calistortio.blogspot.com.ar/2017/10/copa.html.

jueves, 17 de agosto de 2017

La chica del pañuelo.

Hace muchos años, cuando tenía unos 9 años aproximadamente, vacacionaba con mi familia en Mar del Plata, en el hotel que nos hospedábamos la conocí, la chica del pañuelo.
Con uno de mis hermanos, Héctor, siempre nos contábamos cosas muy personales, muchas veces de forma artísticamente adornadas, exageradas, ambos lo sabíamos, pero nos gustaba contarlo así y escucharlo también.
La miraba todo el tiempo, ella tendría 8, quizás. En el comedor, teníamos mesas cercanas, por lo que esperaba verla en cada desayuno, almuerzo, merienda y cena de aquellos once días. Demás está aclarar que jamás intenté una conversación pero no dejaba de mirarla embobado y sentía en ella una mirada similar.
No supe su nombre, sólo fue reconocida en mis historias como “Pañuelito” por el pequeño pañuelo de gasa con el que se ataba su largo pelo lacio.
Alta, hermosa, un sueño.
Varios años después, nuevamente en el mismo hotel, yo ya 14 o 15 años, como una ilusión óptica, creí verla nuevamente, con el mismo pelo lacio largo y castaño, más hermosa que antaño.
-       -  Héctor, no lo puedo creer, está “Pañuelito”.
No se acordó de inmediato, pero yo nunca me olvidé. Efectivamente estaba nuevamente ahí. Esos poquísimos casos en los que la vida repite oportunidades.
El primer día solo la miraba, nuevamente, embelesado, aturdido, congelado.
El segundo día, de los nuevamente once, le hablé. Así como de la nada, con la trivial y “desnudante”  pregunta: ¿Puede ser que hace unos 5 o 6 años te hospedaste acá? Encontré la sonrisa cómplice más hermosa que hasta ese entonces pude ver y una explosiva y asombrada confirmación fue empujando la conversación y las sonrisas.
Bellísimos diez días compartidos con Sandra, si… tenía nombre… Sandra Lince de Garín.
Garín, si, lejísimo para mí, pero al regresar a mi casa, no podía olvidarme así como así y me fui para Garín sin saber ni siquiera donde vivía. Viajé mucho, en tiempo y cantidad de transportes… casi 5 horas. Finalmente bajo de un tren en la estación de Garín sin más que un nombre y apellido. Empecé a recorrer comercios de la estación indagando por “la familia Lince” hasta que un comerciante reconoció mi devoción desesperada y me indicó como llegar.
Tres de la tarde de un verano intenso, llego a la puerta de la casa y me inundó una infinita alegría y vergüenza al reconocer a la madre de Sandra regando el jardín. Me mira azorada, con una sonrisa muy amplia, pensaría “este pibe está loco”, y como en una escena cómica bizarra y sabiendo que vivía en la otra punta me pregunta:
-        - Eduardo! ¿Qué hacés por acá?
Y yo absolutamente inmovilizado sólo atiné a responder:
-        - Pasaba por acá y quería saludar.
De inmediato, y sin poder sostenerlo ni un segundo estalló en carcajadas, no era para menos, mi respuesta no podía ser más ridícula.
Llama a la hija, pero se estaba bañando. Dejó de regar y me sebó unos mates hasta que Sandra apareció.
Pasamos la tarde en el jardín tomando mate y charlando como si fuera parte de nuestra vida cotidiana y ya atardeciendo me dicen que se iban a un cumpleaños en Haedo, si, y me trajeron en camioneta hasta mi casa.

Esa fue la última vez que vi a Sandra, La chica del pañuelo.

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domingo, 16 de abril de 2017

Un baile...

    Mirando el primer capítulo de una serie llamada "13 Reason Why", que si mal no interpreto sería algo así como los 13 porque... me trajo un recuerdo de adolescente, triste recuerdo.
   Asistía semanalmente a reuniones juveniles (La JAC) por la tardes de los viernes y muchas veces al terminar surgían salidas de cumpleaños del grupo o simplemente juntadas. No recuerdo cual de ambos casos fue, pero si recuerdo que estábamos en una casa del barrio Lomas del Millón (Frente o a una cuadra de la que era la textil San Marcos).
    Baile, salgo a bailar con quien desde hacía rato quería "salir", no era alguien que me encandilaba de belleza pero compartía mucho y sentí quererla mucho.
Luego de un rato comienzan "los lentos" y como ya algo venía hablando, en los primeros 30 segundos de tema le cuento que me gustaría mucho salir con ella a lo que me respondió casi literal:
- Edu te re quiero pero no... 
- ¿Por qué? 
- (Y sin pensar ni un segundo) Es que sos re chanta!
- ¿Que?!!!
- Es que si no salís con dos, salís con tres...
    Wow! Sólo una vez más alguien me lastimó así, desde el prejuicio, y no viene al caso.
   Es tremendamente increible como las habladurías no permiten que nos veamos realmente, tanta gente imagina tantas cosas de nosotros que están tan lejos de la realidad.
   Para ese entonces no sólo no estaba con nadie, sino que hacía rato que estaba solo. De todos modos, al instante de esa última respuesta dejé de bailar, me acerqué a la única chica que no era del grupo (bellísima por cierto, tanto que nadie se atrevió a sacarla a bailar) y tras la pregunta:
- ¿Bailás?
    Me escanea (Literalmente me mira desde la cara a los pies y sube a la cara nuevamente) y responde:
- Si!
    No se que vió en mí, pero antes que termine el mismo tema que provocó mi estallido silencioso de bronca, nos estábamos besando sin mediar palabra. Conocí a una flaca genial (Cecilia), nos volvimos a ver un par de veces, pero a pesar de que parece que todo terminó bien, me dió mucha bronca y para sus mentes prejuiciosas les terminé dando la razón.
    No voy a mentir, algo me importa, sino no lo recordaría.
¿Cuánto daño se puede evitar sólo no hablando de lo que no nos incumbe y no conocemos?

domingo, 19 de febrero de 2017

Dos gotas de agua

Es tan difícil pensar que se juntan los extremos... pero ya lo sabemos... si pasa. ¿No?...
Pensás como yo claro, es que somos tan parecidos. Vos naciste en el despilfarro y yo en la necesidad... pero eso que tiene que ver... somos tan iguales.
Te acordás cuando niños... ni se notaba la diferencia. Tu papá dueño de la fábrica que heredó de tu abuelo. Si, te acordás que mi viejo laburaba ahí... si, a tu viejo no le iba tan bien y tuvo que despedir al mío, pero yo que sé! si no ganaba todo lo que tenía que ganar tenía que hacer algo. Mi viejo igual se las arreglo bien... cenábamos casi a diario.
Y cuando, tu viejo, se postuló como intendente... como no lo iba a votar si pensamos igual, estamos cortados por la misma tijera.
Si... ganó y a mi viejo que se las había arreglado vendiendo artesanías en la avenida principal le mandó quitar toda la mercadería y lo detuvo. Tenía que hacer lo que tenía que hacer, no se puede hacer otra cosa. Si queremos que nuestro pueblo mejore, algunos se deben ajustar el cinturón.
Por suerte sigo estudiando, sí! estoy yendo a la facu, y aunque vos no hayas terminado la secundaria y estés laburando como asesor de tu viejo en cuestiones de seguridad interna, somos re parecidos... crecimos juntos!.
Te acordás cuando ibamos al club de la vuelta de tu casa... ¡Qué época! Me acuerdo que te juntabas con esos pibitos re chetos y me re gastaban. Pero bueno, si no me gastabas también ¿Cómo ibas a seguir frecuentándolos? Total cuando jugábamos en la calle me dejabas empujar tu cartin así ibas más rápido.
Y te acordás cuando yo me recibí!... si, el mismo año que te postulaste como intendente y te voté y ganaste. ¿Pero como no te iba a votar? Si tiramos para el mismo lado. Los dos queremos lo mejor para los nuestros...
El hijo del panadero no entiende nada, desde chicos que insiste que somos de dos mundos distintos, pero nosotros sabemos que eso no es real.
Es re difícil estar en ese lugar, con tanto desempleado en el pueblo... si, todavía no consigo laburo, pero ya va a salir algo. Igual, que podés hacer.
El hijo del panadero desde pibitos me insiste con eso de la plusvalía, yo que sé, pasa que el viejo era comunista y no entiende como es la cosa acá.

Una vuelta me insistía que por pensar como pienso soy un enajenado... no entiende nada... si somos dos gotas de agua.

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