No puedo vivir sin sueños, son horizonte, proyecto, muchas veces delirante, camino. Pero está en la naturaleza de los sueños no ser hoy. Como si estarían condenados a ser utopía.
Por otro lado es como que el lugar donde yacen los sueños en cada uno tuviera un límite volumétrico, y este, compartido con las acciones, con la realidad. De tal manera que si tenemos mucha acción perdemos la capacidad de soñar y viceversa, si el tamaño de los sueños o la cantidad de ellos es mucha, se anula nuestra capacidad de acción.
De este modo nos encontramos en una dualidad, que aunque se busque soslayar, nos coloca en la antítesis pragmático-soñador. Salidas… las ignoro. El pragmatismo se aleja muchísimo de mi sentimiento frente a como vivir la vida, pero no militar sus principios me aleja de la concreción de sueños. Y mucho más allá que mi vida soñadora me colma más, me envuelve en la peligrosa trampa de evitarme, de no estrechar acciones que me permitan ser.
En términos computacionales, esta dicotomía me encierra en un loop infinito, espero no tardar en encontrar una respuesta que equilibre un poco las cosas.

Pragmático-Soñador. por Antonio Eduardo Spina se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.

Pragmático-Soñador. por Antonio Eduardo Spina se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.


