No sucede que un día nos
levantamos genios o estúpidos, buenos o malos, sabios o ignorantes. Nos
hacemos, y no lo elige nadie por nosotros y no podemos quejarnos de cómo nos
ven, porque lo hicimos solitos.
Miro la juventud temprana (12 a
18 aprox. no me ocupo de la adultez porque ya se perdió la oportunidad) y muchos chicos y muchísimas chicas se van convirtiendo día a día en
imágenes de perfección, sumamente sexis, sumamente bellos, pero como sus
intereses sólo pasan por lograrlo son sólo eso, una hermosa cáscara sexy.
Realmente todos intentamos vernos
bien, aunque para algunos sea parte de nuetras utopías, pero no es el único
objetivo en la vida.
Si uno se convierte en objeto,
eso bello que todos desean, ¿Será justo reclamar a los demás que no nos traten
de esa manera? ¿Qué será de esas vidas… se harán la cirugía de la cirugía de la
cirugía para simular que se ven iguales, pareciéndose cada día más a una
estatua de cera, una imagen bizarramente joven? Patético.
Como ya dijo “Silvio”: Yo me muero como viví.
Elijan la vida que quieran… pero
no se quejen de los resultados.

Objetivándose por Antonio Eduardo Spina se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.
