domingo, 6 de octubre de 2024

Hasta hoy.

 Por donde andarás ahora?

... Si sólo pudieras mirarme.

 

Tantas madrugadas,

tantas notas en las manos.

Nunca supe tanto de mi.

 

Todos dicen

que con el viento

se borran las huellas.

No estas.

 

Siempre pasa

que con buen condimento

las cosas saben mejor,

y lo sabemos bien,

pero no basta.

 

Simpre estas ahí

tirando de esa cuerda

tirando casi sin descanso

siempre al fondo.

 

Y aca estoy

gritando como un loco.

Yo que siempre quise entender,

completamente loco.

 

Un payaso.

Un clown enmascarado.

Un segundo puesto.

Un segundo antes del final.

 

Y parece que voy

pero me quedo.

Parece que soy

pero lo enredo...

hasta hoy.

 

Eduardo :: 6/2/2025

Hasta hoy © 2022 por A. Eduardo Spina está bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional

miércoles, 22 de enero de 2020

Otra vez


Juntás ilusiones con cuentos reales
Con moldes de masa que creés que querés
Con las plastilinas le vas dando formas
Y ves el amor en aquella mujer.

Son tantas sonrisas, son tantas miradas
El cine se cierra y el bar abre hoy
El vaso se seca, forzás las mañanas
No estabas con alguien, la luz se encendió.

No importa, decís, continuo y vehemente
No es ella, es aquella o la otra tal vez
De tanto naufragio se agotan las velas
Te tocan, te llaman, pero no las ves.

Sabés, en el fondo, no sirve de nada
La ilusión de pares para la vejez
Y necio repites los cuentos de hadas
Amás a fantasmas una y otra vez.


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Otra vez by A. Eduardo Spina is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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miércoles, 2 de enero de 2019

La farsa del Darwinismo Social: otra propaganda del capitalismo.

Charles Robert Darwin (1809-1882), naturalista inglés, atraído por las semejanzas y diferencias entre los diferentes organismos estudió algunas especies y de sus comparaciones surgieron muchos interrogantes, algunos que no hallaron respuesta más que postmortum, como los mecanismos de herencia que consideró para la variabilidad gradual de los organismos, que confluyeron en su obra: “El origen de las especies por medio de la selección natural”.
En esta obra se refirió a la “Selección Natural” como el mecanismo por el cual las fuerzas de la naturaleza actúan sobre los organismos y por ende sobre las especies a las que éstos pertenezcan. Por ejemplo, basándonos en conocimientos postdarwinistas como la variabilidad ligada a las mutaciones genéticas, imaginemos que, en ciertos ríos con tierra suspendida por las turbulencias, una especie de peces de color amarronado tiene algunas crías de este color y otras plateadas, queda más que en evidencia que las crías plateadas serán presas más fáciles que las amarronadas esto generará que las poblaciones de esta especie sean mayoritariamente amarronadas y hasta, sería posible, que la variante plateada no logre prosperar, extinguiéndose. A este riesgo de ser depredado, entre otros montones de factores, es a lo que Darwin confirió el concepto de “presión del ambiente” para luego concluir que la naturaleza presiona en ciertos sentidos y sólo los más aptos –quienes soportan tal presión- sobreviven. No habló ni de mejores ni de superiores, sólo de estar más aptos para soportar las presiones del ambiente. Es más, si tomamos la misma especie, pero suponemos un hábitat de río de deshielo sería presas fáciles las variantes amarronadas y las plateadas podrían camuflarse con el reflejo del agua cristalina y por ende ser la variante más apta.
La corriente sociológica, mal llamada, darwinismo social, pretende extrapolar conceptos como la presión exógena a las especies del naturalismo darwiniano y endilgar a conductas endógenas aberrantes humanas el carácter de “biológico”. No sólo el capitalismo, al que se lo pretende disfrazar de “comportamiento natural humano”, no se conecta siquiera con los principios elementales de las teorías de Charles Darwin, sino que queda más que explicado como el cooperativismo es lo que permite la supervivencia humana y no el individualismo.
El naturalista ruso Piotr Kropotkin, allá por 1902, ampliando los conceptos evolucionistas, habló de “apoyo mutuo” como un factor, no sólo de supervivencia, sino también de evolución.
Como ya sabemos, el capitalismo, antitético del cooperativismo, necesita de ideas que promuevan el desarrollo individual para sustentar en ellos sus premisas, pero especialmente para camuflar la realidad inescrupulosa que una minúscula parte de la población humana obtenga sideralmente más de lo que necesita mientras la gran mayoría (podríamos considerar a más del 99% una gran mayoría no?) sufre necesidades, en algunos casos extremas. No hay que evitar el hecho que un porcentaje de esta gran mayoría no padece necesidades pero si comparte la desigualdad, lo que se suma que también trabaja para la misma minúscula minoría.
Para sostener estas falacias sostienen conceptos como “Propiedad privada”, “Meritocracia” y tantos otros que sólo aspiran manipular la realidad. Sólo habría que imaginar por un segundo como, desprovistos de tecnología, sólo nuestros cuerpos, podríamos enfrentar la vida en forma individual, bien ahí queda de manifiesto, se sobrepone la realidad, nos necesitamos cooperando.

 Quieren hablar de Darwinismo social, entonces hablemos de cooperativismo.


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sábado, 3 de febrero de 2018

Somos


Uno siempre lo sabe, pero es muy fuerte detenerse en el hecho que nadie es solo, o sola, somos, si obvio que somos, pero la mayoría de lo que somos depende del resto, la gente que tuvo y tiene que ver con nosotros. Incluso aquella gente que ni conocimos ni conoceremos, pero llegó a nosotros algo que dijeron o hicieron y nos cambian la sintonía.
En mi caso, siempre sucedió y no creo que deje de pasar que, la música, en particular las canciones, mucho más específicamente las letras de las canciones, me obligan a parpadear convicciones, a discutir certezas. Mucho más bello si me pasa con amigos, que tras desgranar profundidades y jaquear ideas modifico algo de lo que llevaba.
No es menor el caso de la observación del rededor, ese padre hamacando a su hija, esa pareja besándose, ese comentario de mi vieja hace veinte años de lo que recién me cae la ficha, observarme a mí mismo gritándole a alguien sólo porque perdí el control de la situación, escuchar a todas las personas que hacen política y sus relatos de propaganda, y ni hablar de los medios de desinformación masiva.
Nunca me voy a olvidar de algo que me comentó Mariana mientras viajábamos en el colectivo 1 desde Morón a Ramos Mejía, una persona que fue gigante en mi vida en su momento -hoy creció-, y por alguna razón aún resuena en mi memoria. Me planteó la loca idea en la que debí imaginar que cada quien lleva atado a sí un hilo dorado infinito y como andamos nuestras vidas se va desovillando y por ende entretejiendo con los del resto de las personas formando, algo así como, la tela de la vida. Más allá que me estaba enamorando tanto que todo lo que decía me obnubilaba, la realidad es que, a partir de ese día, jamás pude volver a pensar en las relaciones interpersonales sin tener en cuenta aquel tejido.
A partir de acá, les presentaré aquellos momentos en los que aquello que se fue tejiendo en mí fue especialmente significativo.
De muy pequeños, los recuerdos son muy abreviados, pero vamos con lo que hay. Siempre formé parte, desde muy pequeño de una clase media baja, especialmente durante mi niñez –lo que no me impidió tener una niñez sumamente feliz, a la que ya haré mención-, mi vieja ama de casa, mi viejo empleado afiliado a un sindicato que los veranos organizaba colonias de vacaciones de los hijos e hijas de los afiliados. Desde los 7 años hasta los 12, todos los veranos, pasaba 11 días en Tanti, Córdoba, junto a otros 39 pibes y 40 pibas… todo comenzaba en la estación Retiro despidiendo por la ventana del tren “Rayo de Sol” a nuestros padres y concluía en el mismo lugar al arribar.
En “La colonia” en el año ’75 o '76, descubrí a mis tiernos 7 años, que una mujer (niña en aquel momento) me sucumbía, y si pueden pensar: ¿un niño de 7 años enamorado? Si, lo estaba, y esto es lo que más revela esta parte de mi historia, mi timidez y mi temprana devaluación de estima me impidieron acercarme y hablarle, y saber su nombre, en mi memoria “Ratita”, las mentes perversas que formaban mi grupo (por edad, ella era menor que yo) la llamaban así porque era muy menudita y con ojos grandes.
Allá por el ’77 - ’78, a la vuelta de la casa de mi abuela, jugábamos a policía y ladrones y uno de mis dos hermanos, en un momento se me acerca y me amenaza con una piedra triangular, tomándola como si fuera una pistola: “Alto o disparo!” y en cuanto me moví me la partió en la frente, obvio que sangrando y todo lo corrí para ahorcarlo, pero cuando se me pasó la calentura comprendí que mis “amigos" (varios años mayores que él) lo habían manipulado para que lo haga y poco tiempo después comprendí que lo dicho en el Martín Fierro es más verdad de lo que solemos creer y si, los hermanos sucumbimos frente a la sed de odio de “los de afuera".
En la adolescencia es, estoy convencido, cuando empezamos realmente a “ser” y allá por el ’84 me enamoré de Sonia, quien al principio generó un conflicto muy grande en mí, primero porque era un poco mayor a mí, pero especialmente porque era de Los Ángeles, USA y siempre tuve (y tengo) una gran aprehensión con los yanquis, pero ese problema se subsanó en cuanto nos empezamos a conocer. A esa edad la relación pueden ser muy inestable, y esta lo fue, entre estar y no estar juntos fallece producto de un intento de abuso de la pareja de su madre... si hubiese tenido un arma!… por primera vez en mi vida me sentí desolado, decenas de gente conmigo, pero nada me consolaba. El tiempo logra milagros, pero desde esa vez nunca puede entrar a un velorio.
Más o menos por el mismo año, convocan a Héctor (uno de mis hermanos) a entrenar en Voley en el Estudiantil Porteño y me sumé, entrenamos todo el año 6 y 7 día por semana, pero llegó la hora de Federarse, el club estaba en primera de vóley y como éramos socios deportivos (no pagábamos cuota) nos tendrían que haber federado en blanco (como una especie de pase libre) y ahí es donde aprendí que las bellas historia de películas sólo se reservan a las películas, la única forma de continuar era haciéndonos socios lo que no estaba a nuestro alcance.
Durante 1987 y la primera mitad del ’88 hice el servicio militar, en aeronáutica, en El Palomar, y aprendí con gran eficacia el individualismo y el tráfico (no aéreo), y tengo que escuchar gente ignorante y reaccionaria decir que con la colimba se aprenden valores. 18 meses de colimba por ser sincero: resulta que después del entrenamiento físico que tenía y la maldita suerte fortuita de tener 10 en tiro, me convocan, junto a otros 8, a ser “dragoneante”, paso a explicar, es una especie de medio cargo entre un soldado y un cabo, y un tema no menor, especialmente a tan pocos años de Malvinas y a un par de semanas de “La casa está en orden… Felices Pascuas”, y especialmente por mi sed antimilico. El dragoneante tiene en su DNI una leyenda que dice “Sale de baja como Cabo de Reserva”, no quería bajo ningún punto de vista. La cuestión es que me negué –el único- bajo el argumento (en una reunión entre 3 milicos y los 9 candidatos) de: “voy a ser una mierda para mis compañeros y una mierda para ustedes” y eso se tradujo en que me quedé hasta la última baja. Otro aprendizaje… ser franco tiene altísimos costos… que triste.
Fines del ’88 ingreso a laburar en Segba (Hoy privatizadas Edenor, Edesur, Edelap, etc) sumamente feliz, buen laburo, buen sueldo, buena obra social… primero en la calle: zanjas, postes, medidores, etc… para escalar se suponía existía una orden de antigüedad + mérito, pero me cansé de ver pibes que ascendían a pesar de estar detrás de mí, al apelar aparece el “por qué no hablas con tu viejo” (mi viejo sindicalista) obvio aprendí que tener principios es sinónimo de estupidez. Pido el pase a la oficina, me lo otorgan, la categoría era mayor pero el sueldo el mismo… segundo día de lauro, en archivo, se me acerca a convidarme un mate algo así como el patriarca de la oficina y después de algunos comentarios inocuos me pregunta: “¿pibe qué hacés?” A lo que estúpidamente atónito le contesto: “ordeno el archivo” y me dice “pibe: esta pila está hace mucho acá, si segúis a este ritmo la limpiás en una semana… y si hacés eso todos los demás quedamos al descubierto… entendés?”… y ahí aprendí que como sociedad estamos fritos, porque, aunque yo estaba en el camino correcto, la prepotencia no me permitiría continuar.
A comienzos de los ’90, después de años de que la oficina, de 42 empleados, trabaje con dos computadoras y tres lectoras de microfilm…. Si! Lectoras de microfilm, La gestión del ex presidente Carlos Saúl dota a la misma de una PC por escritorio, una IBM por escritorio justo cuando ya se sabía que una empresa francesa ya había comprado esa terrible empresa deficitaria, y todo esto fue posible por la propaganda y la manipulación mediática, cosa que aprendí en aquel momento. En ese contexto funesto, por la forma en la que resolvía los problemas (de facturación) la gerencia me ofrece un puesto que me significaba un avance inimaginable, un gran ascenso… si, hay un pero, la categoría de ese puesto era  más alta que la de mi superior inmediato en aquel momento, el cual observó que le resultaba indispensable para el servicio. No me dieron el puesto, ¡renuncié… no era realmente imprescindible Luis Mazzeo! Y aprendí de la miserabilidad.
En aquel entonces estudiaba en el Conservatorio de Música de Morón, y medio sin proponérmelo, del todo, comencé a dar clases de música en Jardines de infantes y primarias, y aprendí que entre los 3 y los 8 años somos personas geniales y aún me pregunto… ¿qué pasa después que se pierde en la mayoría de la gente?
Cerrando el siglo XX estaba casado con quien tuvimos en el nuevo siglo dos locuras de personas y con quienes aprendí que lo único que está es mis manos es brindarles herramientas, cuando las pidan y si es que las tengo, por el resto sólo me queda ver y también aprendí que el amor por un hijo es incondicional…  y cuando digo esto vuelve a resonar en mi cabeza la voz de Mariana que en una charla en la plaza Gran Tiá de Haedo norte me dijo exactamente eso… “El único amor incondicional es el de padres a hijos”.
… seguirá…

Eduardo Spina

domingo, 15 de octubre de 2017

Copa

Y fue copa! 
¿y qué es de una copa sin vino? 
¿qué le resta? 
¿cómo sigue siendo sin contener? si en su naturaleza está, si mientras fue un caliente cristal maleable tomo esa forma. 
Sólo a la espera de llenarse...
Sólo a la espera...
... solo.

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jueves, 17 de agosto de 2017

La chica del pañuelo.

Hace muchos años, cuando tenía unos 9 años aproximadamente, vacacionaba con mi familia en Mar del Plata, en el hotel que nos hospedábamos la conocí, la chica del pañuelo.
Con uno de mis hermanos, Héctor, siempre nos contábamos cosas muy personales, muchas veces de forma artísticamente adornadas, exageradas, ambos lo sabíamos, pero nos gustaba contarlo así y escucharlo también.
La miraba todo el tiempo, ella tendría 8, quizás. En el comedor, teníamos mesas cercanas, por lo que esperaba verla en cada desayuno, almuerzo, merienda y cena de aquellos once días. Demás está aclarar que jamás intenté una conversación pero no dejaba de mirarla embobado y sentía en ella una mirada similar.
No supe su nombre, sólo fue reconocida en mis historias como “Pañuelito” por el pequeño pañuelo de gasa con el que se ataba su largo pelo lacio.
Alta, hermosa, un sueño.
Varios años después, nuevamente en el mismo hotel, yo ya 14 o 15 años, como una ilusión óptica, creí verla nuevamente, con el mismo pelo lacio largo y castaño, más hermosa que antaño.
-       -  Héctor, no lo puedo creer, está “Pañuelito”.
No se acordó de inmediato, pero yo nunca me olvidé. Efectivamente estaba nuevamente ahí. Esos poquísimos casos en los que la vida repite oportunidades.
El primer día solo la miraba, nuevamente, embelesado, aturdido, congelado.
El segundo día, de los nuevamente once, le hablé. Así como de la nada, con la trivial y “desnudante”  pregunta: ¿Puede ser que hace unos 5 o 6 años te hospedaste acá? Encontré la sonrisa cómplice más hermosa que hasta ese entonces pude ver y una explosiva y asombrada confirmación fue empujando la conversación y las sonrisas.
Bellísimos diez días compartidos con Sandra, si… tenía nombre… Sandra Lince de Garín.
Garín, si, lejísimo para mí, pero al regresar a mi casa, no podía olvidarme así como así y me fui para Garín sin saber ni siquiera donde vivía. Viajé mucho, en tiempo y cantidad de transportes… casi 5 horas. Finalmente bajo de un tren en la estación de Garín sin más que un nombre y apellido. Empecé a recorrer comercios de la estación indagando por “la familia Lince” hasta que un comerciante reconoció mi devoción desesperada y me indicó como llegar.
Tres de la tarde de un verano intenso, llego a la puerta de la casa y me inundó una infinita alegría y vergüenza al reconocer a la madre de Sandra regando el jardín. Me mira azorada, con una sonrisa muy amplia, pensaría “este pibe está loco”, y como en una escena cómica bizarra y sabiendo que vivía en la otra punta me pregunta:
-        - Eduardo! ¿Qué hacés por acá?
Y yo absolutamente inmovilizado sólo atiné a responder:
-        - Pasaba por acá y quería saludar.
De inmediato, y sin poder sostenerlo ni un segundo estalló en carcajadas, no era para menos, mi respuesta no podía ser más ridícula.
Llama a la hija, pero se estaba bañando. Dejó de regar y me sebó unos mates hasta que Sandra apareció.
Pasamos la tarde en el jardín tomando mate y charlando como si fuera parte de nuestra vida cotidiana y ya atardeciendo me dicen que se iban a un cumpleaños en Haedo, si, y me trajeron en camioneta hasta mi casa.

Esa fue la última vez que vi a Sandra, La chica del pañuelo.

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domingo, 16 de abril de 2017

Un baile...

    Mirando el primer capítulo de una serie llamada "13 Reason Why", que si mal no interpreto sería algo así como los 13 porque... me trajo un recuerdo de adolescente, triste recuerdo.
   Asistía semanalmente a reuniones juveniles (La JAC) por la tardes de los viernes y muchas veces al terminar surgían salidas de cumpleaños del grupo o simplemente juntadas. No recuerdo cual de ambos casos fue, pero si recuerdo que estábamos en una casa del barrio Lomas del Millón (Frente o a una cuadra de la que era la textil San Marcos).
    Baile, salgo a bailar con quien desde hacía rato quería "salir", no era alguien que me encandilaba de belleza pero compartía mucho y sentí quererla mucho.
Luego de un rato comienzan "los lentos" y como ya algo venía hablando, en los primeros 30 segundos de tema le cuento que me gustaría mucho salir con ella a lo que me respondió casi literal:
- Edu te re quiero pero no... 
- ¿Por qué? 
- (Y sin pensar ni un segundo) Es que sos re chanta!
- ¿Que?!!!
- Es que si no salís con dos, salís con tres...
    Wow! Sólo una vez más alguien me lastimó así, desde el prejuicio, y no viene al caso.
   Es tremendamente increible como las habladurías no permiten que nos veamos realmente, tanta gente imagina tantas cosas de nosotros que están tan lejos de la realidad.
   Para ese entonces no sólo no estaba con nadie, sino que hacía rato que estaba solo. De todos modos, al instante de esa última respuesta dejé de bailar, me acerqué a la única chica que no era del grupo (bellísima por cierto, tanto que nadie se atrevió a sacarla a bailar) y tras la pregunta:
- ¿Bailás?
    Me escanea (Literalmente me mira desde la cara a los pies y sube a la cara nuevamente) y responde:
- Si!
    No se que vió en mí, pero antes que termine el mismo tema que provocó mi estallido silencioso de bronca, nos estábamos besando sin mediar palabra. Conocí a una flaca genial (Cecilia), nos volvimos a ver un par de veces, pero a pesar de que parece que todo terminó bien, me dió mucha bronca y para sus mentes prejuiciosas les terminé dando la razón.
    No voy a mentir, algo me importa, sino no lo recordaría.
¿Cuánto daño se puede evitar sólo no hablando de lo que no nos incumbe y no conocemos?

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