sábado, 27 de febrero de 2010

Como una rambla.

Estoy rodeado de vegetación, hasta luego de una intensa seducción crecen en mí. En ella más vida, mucha más vida, salvaje, animal. Pero más allá de toda la vida que me rodea y que germino, espero la copiosa lluvia, intensa inundación que me convierte explosivamente en un cuerpo de agua.

Sí, soy una rambla a la espera de ser inundado tres, cuatro o quizás cinco veces al año, húmedamente nutrido, explosivamente lleno.

Como un baile desenfrenado ella me recorre, me empapa y se retira, se filtra entre mis porosidades, entre mis piedras, entre mis ramas, entre mí.

La primera vez que me sucedió no entendía que pasaba, o mejor dicho, que había pasado. Como podía ser que tanta agua me colme y luego no esté más. Parece increíble, pero luego de varias tormentas, comprendí de qué se trataba. Toda la energía, toda la frescura que extraño cuando el agua no yace en mí, me hacen lo que soy, un manto precámbrico adaptado a estas nutritivas inundaciones compulsivas.

Si. Soy una rambla.

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Como una rambla por Antonio Eduardo Spina se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Vi viendo. por A. Eduardo Spina se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.