miércoles, 2 de enero de 2019

La farsa del Darwinismo Social: otra propaganda del capitalismo.

Charles Robert Darwin (1809-1882), naturalista inglés, atraído por las semejanzas y diferencias entre los diferentes organismos estudió algunas especies y de sus comparaciones surgieron muchos interrogantes, algunos que no hallaron respuesta más que postmortum, como los mecanismos de herencia que consideró para la variabilidad gradual de los organismos, que confluyeron en su obra: “El origen de las especies por medio de la selección natural”.
En esta obra se refirió a la “Selección Natural” como el mecanismo por el cual las fuerzas de la naturaleza actúan sobre los organismos y por ende sobre las especies a las que éstos pertenezcan. Por ejemplo, basándonos en conocimientos postdarwinistas como la variabilidad ligada a las mutaciones genéticas, imaginemos que, en ciertos ríos con tierra suspendida por las turbulencias, una especie de peces de color amarronado tiene algunas crías de este color y otras plateadas, queda más que en evidencia que las crías plateadas serán presas más fáciles que las amarronadas esto generará que las poblaciones de esta especie sean mayoritariamente amarronadas y hasta, sería posible, que la variante plateada no logre prosperar, extinguiéndose. A este riesgo de ser depredado, entre otros montones de factores, es a lo que Darwin confirió el concepto de “presión del ambiente” para luego concluir que la naturaleza presiona en ciertos sentidos y sólo los más aptos –quienes soportan tal presión- sobreviven. No habló ni de mejores ni de superiores, sólo de estar más aptos para soportar las presiones del ambiente. Es más, si tomamos la misma especie, pero suponemos un hábitat de río de deshielo sería presas fáciles las variantes amarronadas y las plateadas podrían camuflarse con el reflejo del agua cristalina y por ende ser la variante más apta.
La corriente sociológica, mal llamada, darwinismo social, pretende extrapolar conceptos como la presión exógena a las especies del naturalismo darwiniano y endilgar a conductas endógenas aberrantes humanas el carácter de “biológico”. No sólo el capitalismo, al que se lo pretende disfrazar de “comportamiento natural humano”, no se conecta siquiera con los principios elementales de las teorías de Charles Darwin, sino que queda más que explicado como el cooperativismo es lo que permite la supervivencia humana y no el individualismo.
El naturalista ruso Piotr Kropotkin, allá por 1902, ampliando los conceptos evolucionistas, habló de “apoyo mutuo” como un factor, no sólo de supervivencia, sino también de evolución.
Como ya sabemos, el capitalismo, antitético del cooperativismo, necesita de ideas que promuevan el desarrollo individual para sustentar en ellos sus premisas, pero especialmente para camuflar la realidad inescrupulosa que una minúscula parte de la población humana obtenga sideralmente más de lo que necesita mientras la gran mayoría (podríamos considerar a más del 99% una gran mayoría no?) sufre necesidades, en algunos casos extremas. No hay que evitar el hecho que un porcentaje de esta gran mayoría no padece necesidades pero si comparte la desigualdad, lo que se suma que también trabaja para la misma minúscula minoría.
Para sostener estas falacias sostienen conceptos como “Propiedad privada”, “Meritocracia” y tantos otros que sólo aspiran manipular la realidad. Sólo habría que imaginar por un segundo como, desprovistos de tecnología, sólo nuestros cuerpos, podríamos enfrentar la vida en forma individual, bien ahí queda de manifiesto, se sobrepone la realidad, nos necesitamos cooperando.

 Quieren hablar de Darwinismo social, entonces hablemos de cooperativismo.


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