Charles Robert Darwin (1809-1882), naturalista inglés, atraído por
las semejanzas y diferencias entre los diferentes organismos estudió
algunas especies y de sus comparaciones surgieron muchos
interrogantes, algunos que no hallaron respuesta más que postmortum,
como los mecanismos de herencia que consideró para la variabilidad
gradual de los organismos, que confluyeron en su obra: “El
origen de las especies por
medio de la selección natural”.
En esta obra se refirió a la “Selección Natural” como el
mecanismo por el cual las fuerzas de la naturaleza actúan sobre los
organismos y por ende sobre las especies a las que éstos
pertenezcan. Por ejemplo, basándonos en conocimientos
postdarwinistas como la variabilidad ligada a las mutaciones
genéticas, imaginemos que, en ciertos ríos con tierra suspendida
por las turbulencias, una especie de peces de color amarronado tiene
algunas crías de este color y otras plateadas, queda más que en
evidencia que las crías plateadas serán presas más fáciles que
las amarronadas esto generará que las poblaciones de esta especie
sean mayoritariamente amarronadas y hasta, sería posible, que la
variante plateada no logre prosperar, extinguiéndose. A este riesgo
de ser depredado, entre otros montones de factores, es a lo que
Darwin confirió el concepto de “presión del ambiente” para
luego concluir que la naturaleza presiona en ciertos sentidos y sólo
los más aptos –quienes soportan tal presión- sobreviven. No habló
ni de mejores ni de superiores, sólo de estar más aptos para
soportar las presiones del ambiente. Es más, si tomamos la misma
especie, pero suponemos un hábitat de río de deshielo sería presas
fáciles las variantes amarronadas y las plateadas podrían
camuflarse con el reflejo del agua cristalina y por ende ser la
variante más apta.
La corriente sociológica, mal llamada, darwinismo social, pretende
extrapolar conceptos como la presión exógena a las especies del
naturalismo darwiniano y endilgar a conductas endógenas aberrantes
humanas el carácter de “biológico”. No sólo el capitalismo, al
que se lo pretende disfrazar de “comportamiento natural humano”,
no se conecta siquiera con los principios elementales de las teorías
de Charles Darwin, sino que queda más que explicado como el
cooperativismo es lo que permite la supervivencia humana y no el
individualismo.
El naturalista ruso Piotr Kropotkin, allá por 1902, ampliando los
conceptos evolucionistas, habló de “apoyo mutuo” como un factor,
no sólo de supervivencia, sino también de evolución.
Como ya sabemos, el capitalismo, antitético del cooperativismo,
necesita de ideas que promuevan el desarrollo individual para
sustentar en ellos sus premisas, pero especialmente para camuflar la
realidad inescrupulosa que una minúscula parte de la población
humana obtenga sideralmente más de lo que necesita mientras la gran
mayoría (podríamos considerar a más del 99% una gran mayoría no?)
sufre necesidades, en algunos casos extremas. No hay que evitar el
hecho que un porcentaje de esta gran mayoría no padece necesidades pero si comparte la desigualdad,
lo que se suma que también trabaja para la misma minúscula minoría.
Para sostener estas falacias sostienen conceptos como “Propiedad
privada”, “Meritocracia” y tantos otros que sólo aspiran
manipular la realidad. Sólo habría que imaginar por un segundo
como, desprovistos de tecnología, sólo nuestros cuerpos, podríamos
enfrentar la vida en forma individual, bien ahí queda de manifiesto,
se sobrepone la realidad, nos necesitamos cooperando.
Quieren hablar de Darwinismo social, entonces hablemos de
cooperativismo.

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.
